El grupo de “Jugadores Anónimos” (J.A) está formado por hombres y mujeres que
comparten un mismo problema, el de jugar compulsivamente. El grupo de personas
que trabajan en ésta entidad tiene como objetivo salir de ésta
problemática.
Estos pares no los juzgan, sino que los comprenden e
intentan que los nuevos miembros expliquen su situación sin prejuicio ni
inhibiciones.
El único requisito para ser parte de este grupo, es el deseo de dejar de jugar.
Su propósito principal es ayudar a que otros jugadores compulsivos puedan
detener esa conducta.
“Jugadores Anónimos” se encuentra en más de
cincuenta y cuatro lugares de la Argentina y trabajan por medio de un sistema de
red, en la que se reciben miembros de otras ciudades, ya que deben estar
comunicados entre ellos por si se presentan situaciones en las que necesitan
contención. Los nuevos miembros encuentran en las reuniones, personas que los
pueden entender, ya que pasaron por similares situaciones.
La adicción al
juego es muy similar a otras adicciones y tienen un punto en común, la persona
carece de la posibilidad de hacerse cargo de algunas situaciones cotidianas. Por
lo tanto, el adicto busca la forma de evadirlas y el juego, como la droga, es un
instrumento para hacerlo. Osvaldo M., autor del libro “El paso 13. De la
adicción a la liberación”, explica que “La adicción al juego está considerada
por la psicología como una enfermedad emocional, de la conducta y progresiva,
que además libera internamente sustancias conocidas como neurotransmisores,
entre ellas las endorfinas, que provocan un estado placentero”. Generalmente, se
dice que los jugadores compulsivos son adictos a una sustancia interna, mientras
que los alcohólicos y los dogra-dependientes necesitan de una
externa.
“J.A.” en Bariloche
“Jugadores Anónimos” es un
grupo de auto-ayuda orientado hacia los espiritual, no pertenecen a ninguna
religión, secta o partido político, solamente intentan recuperar a los adictos
al juego. La primera premisa para ingresar es que se respeta el anonimato de las
personas que pertenecen al grupo para resguardar sus vidas dentro de la
sociedad.
Al ingresar, el futuro miembro, debe contestar un cuestionario
de veinte preguntas para determinar si es adicto o no. Cabe aclarar que la
diferencia entre un jugador social y un jugador compulsivo es casi imposible de
diferenciar y que el primero, generalmente, es el paso que antecede al segundo.
Respecto a estos niveles, “A” (llamada así para respetar su anonimato)
explicó a “El Ciudadano” que “no me daba cuenta de que era compulsiva, me la
pasaba todo el día en el casino, porque era el único momento en que era feliz y
el resto del día me la pasaba pensando en las jugadas que iba a hacer cuando
volviera a ir. Llegué al punto de descuidar mi persona en todos los sentidos, mi
aspecto físico, en lo moral, llegué a separarme de mi marido y casi destruyo mi
familia. En ese momento no me importaba nada, solamente quería jugar”. Además,
dijo que “nadie sabe cómo comenzó con eso y tampoco sé si es lo importante. Yo
me di cuenta cuando llegué al fondo, en lo económico y en lo moral”. Por otro
lado, “A” aseguró que “en muchos casos, los jugadores compulsivos llegan a
robar, a entregar cheques sin fondo, hipotecan sus casas, pierden sus
propiedades, a su familia y hasta sé de casos en que han llegado a prostituirse
para conseguir algo de dinero y todo eso para ir a jugar”. Además afirmó que “
ha visto gente que pertenece a los planes sociales y van a los casinos para ver
si duplican el dinero”. Asimismo, “B” (respetando su anonimato) explicó que “el
programa de recuperación produce un cambio de personalidad para resistir
cualquier situación difícil, para soportar la vida y para que uno no se vuelque
en alguna otra adicción. Enseña que hay un mejor manera de vivir y que, en el
transcurso del tiempo, lo menos importante es la adicción al juego”.
Programa
Este programa de recuperación consiste en una
sumatoria de doce pasos que tienen los mismos parámetros que los utilizados para
otras adicciones, aunque con una adaptación para los jugadores compulsivos. Lo
primero es mantener el anonimato para dar más importancia a los principios de
las personalidades y, por otro lado, para protegerse ellos mismos y a sus
familias. Hay que tener en cuenta que esta adicción no está aún aceptada dentro
de la sociedad, porque se cree que es un vicio o un comportamiento vergonzoso.
El miembro que ingresa, como primer paso, debe hacer un inventario, en
el que revela los aspectos positivos y negativos de su vida. Es un punto de
partida para todo el proceso posterior que se tiene en cuenta para ver si se ha
producido algún cambio a medida que pasa el tiempo y qué hay que modificar para
que los resultados sean favorables para el adicto.
En este programa hay
distintas etapas, la primera es en la que la persona se da cuenta en qué
situación mental, emocional y espiritual se encuentra. La segunda parte consiste
en un trabajo personal e interpersonal, en el que se obtienen las herramientas
para trabajar con los errores de cada uno y la relación con los demás desde un
punto más humano. La tercera etapa es la de mantenimiento y la última, es la de
servicio, en esta parte, la persona que ha sido recuperada debe ayudar a otro a
ingresar en el proceso de recuperación.
Al principio, suele ser difícil
para los nuevos miembros porque, generalmente, sufren de los síntomas de
abstinencia, entre los que se encuentra la ansiedad, el nerviosismo hasta se
puede derivar en otras adicciones como la bebida, la comida o el cigarrillo. Sin
embargo, el cambio es rápido y en tres meses la mayoría de las personas están
capacitadas para hacer sugerencias y para ser padrino de las reuniones, en las
que cada ocasión hay uno distinto para que no se definan impongan dentro del
grupo.
No obstante, en este proceso de recuperación no solo participa el
jugador adicto, ya que este problema afecta también al círculo que lo rodea, ya
sea la familia y amigos. Por lo que se ha creado un grupo complementario llamado
“Juganón”, al que concurren las personas cercanas que quieren ayudar y
comprender al jugador compulsivo. La mayoría de estos familiares concurren para
aprender cómo ayudar y convivir con el adicto. Por otro lado, hay casos en los
que el jugador compulsivo no acepta la enfermedad que tiene, pero alguno de los
miembros de la familia acude a las reuniones con intenciones de revertir esta
situación. No obstante, también hay casos en los que los adictos quedan solos
como consecuencia de “apostar todo” sin límite en su juego y esto es parte de la
enfermedad que ellos tienen. La idea de que pueden ganar más de lo que tienen,
sin darse cuenta de que, en realidad, están perdiendo todo.
El
significado de la palabra adicción etimológicamente quiere decir “a” sin; y
“dicción” es palabra. Es la incapacidad o dificultad para expresar lo que se
necesita y se siente, derivando en el significado de NO DECIR. Sin embargo, es
importante aceptar que cualquier persona puede ser adicto, al juego, al alcohol,
al cigarrillo, al trabajo, a la pornografía, a Internet, a las drogas, entre
otras adicciones. Aunque más importante es reconocer que esa adicción pone de
manifiesto lo que está escondido detrás de la compulsión por el juego. La
enfermedad emocional que origina toda esta situación.
Para obtener
información sobre “Jugadores Anónimos” en esta ciudad, dirigirse al Salón
Parroquial cito entre las calles Elflein y Frey. Las reuniones se realizan en
este mismo lugar los días Lunes desde las 20 horas y los días Jueves desde las
14 horas. Para información general ingresar a la página Web
www.jugadoresanonimos.org.ar
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