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Página 1 de 2 Con 17 nuevos casinos, Chile pretende dejar atrás los últimos resabios de
aquella vieja austeridad y el ancestral recato provinciano que consideraba el
juego una lujuria. Las pampas, valles y montañas del país ahora se vestirán de
neón, y enviciarse con las maquinitas o ganar mucho y perderlo todo en una
ruleta será una oportunidad nueva para miles de familias.
Hasta ahora a nadie se le había ocurrido asociar los casinos a otra cosa que la
codicia y la adrenalina, una adicción como cualquier otra, que generalmente
termina mal. Los paraísos del juego, como Las Vegas, Atlantic City, Punta del
Este, Mónaco o Praga, son tan famosos por el glamour como por la elegante
corrupción que se nutre entre luces de colores, vedettes y edificios
kitsch.
En Chile, sin embargo, los empresarios prometen financiar
interesantes proyectos culturales, turísticos y arqueológicos, mientras los
alcaldes se frotan las manos pensando en los ingresos municipales que crecerán,
probablemente, como la espuma.
Fuertes pulsiones
El 11 de
septiembre pasado llegó a Santiago un grupo de funcionarios del Departamento del
Tesoro de Estados Unidos. Como en una visita de intercambio estudiantil, al día
siguiente se instalaron en un rincón de Teatinos 120, donde funciona desde hace
siete meses la Superintendencia de Casinos y Juego (SCJ) del Ministerio de
Hacienda.
Como esta institución es la encargada de controlar un negocio
con mala reputación, necesita proyectar una imagen clara y honrada de sí misma y
del rubro que fiscaliza, no vaya alguien a pensar mal. En estos días, la SCJ
está investigando cualquier ripio en alguna de las empresas que explosivamente
respondieron al llamado para adjudicarse las licencias que otorga la ley
promulgada en enero de este año.
Durante una semana, los expertos
norteamericanos se dedicaron a cruzar su base de datos con la información que
manejan los funcionarios de Hacienda. En esta etapa, los resguardos son
relativos al origen del dinero, la solvencia de las sociedades y el pasado de
todos los socios; todo lo cual debe ser, o por lo menos parecer, inmaculado. Es
lo que oficialmente se llama “precalificación”.
El juego despierta
fuertes pulsiones en las personas. El escritor ruso Fedor Dostoievski, jugador
empedernido, se enriqueció y arruinó por lo menos dos veces en los casinos de
Hamburgo, una de las mecas europeas del juego a fines del siglo XIX, y escribió
una mal disimulada autobiografía en el libro “El jugador”, que vale la pena
leer. Otro que sabe y describe una alucinación contagiosa es el chileno Roberto
Brodsky, en su reciente novela “El arte de callar”.
Una buena cuota de
ansiedad debe pasar por los estómagos de los inversionistas. Los dos primeros en
saltar al ruedo fueron los hermanos Carlos y Humberto Fischer, que presentaron
la inicial de las 61 propuestas el día 3 de junio, a las tres en punto de la
tarde.
LA RULETA INTERNACIONAL
Los Fischer, nativos de la X
Región, son dueños de la mitad de Aqua Chile, la salmonera más grande del país.
Pero el germen de sus negocios está en el juego. En los años ’80 se instalaron
con salones de videojuegos en Puerto Montt, una antesala que los llevó a
compartir la concesión del casino de Puerto Varas con la familia Martínez, la
más antigua en este negocio.
Los Martínez se adjudicaron en los años ’60
el casino de Viña del Mar, y ahora están apostando a instalar estos centros de
cultura del azar también en Isla de Pascua y Chiloé.
A partir de junio
del próximo año podrá empezar la construcción de los proyectos seleccionados.
Por ahora, participan 48 propuestas. Ninguna región podrá sentirse marginada de
este festín de inversión, que involucra más de 1.300 millones de dólares. Entre
los puntos más debatidos en los siete años de discusión de la ley, estuvo la
distancia entre casinos, que empezó en 100 kilómetros y terminó en
70.
Los hermanos Fischer compiten por Temuco, Valdivia, Coyhaique y Punta
Arenas. En Temuco, la ciudad más pujante del sur, quieren instalarse los
panameños de Latin Gaming (concesionarios de Arica), el holding estadounidense
Thunderbird y la cadena catalana Cirsa, que domina el mercado español. En Chile
se aliaron con la cadena de hoteles Radisson.
FILÁNTROPOS
La ley
fija un límite de tres casinos por región. Ciertamente, las más apetecibles son
la Segunda y la Sexta, donde el nivel de ingresos que tienen los mineros de
Chuquicamata y El Teniente los convierte en presas privilegiadas.
Quién
sabe si, gracias a los ingresos de los mineros, surgirán en el desierto fuentes
de luces, lleguen las mejores minas de Argentina y Brasil y se parezca un
poquito a Las Vegas.
El primer gran emprendimiento de Las Vegas fue una
mole de concreto que imitaba un rancho y que costó el doble de lo planificado,
en un proyecto donde hubo varios asesinados, y que fue financiado por la Cosa
Nostra.
Alan Céspedes, de Latin Gaming, afirma que “en Rancagua está
nuestro proyecto más ambicioso”. Competirán, entre otras, con la norteamericana
Pinchale, que aspira a cinco concesiones y ya contrató la asesoría del estudio
de Marco Cariola, de la consultora inmobiliaria Fitzroy, del abogado Jorge Carey
(Renovación Nacional) y de la empresa de comunicación estratégica Burson &
Marstellers.
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