No quieren ni acercarse a la tentación. Son las 13 personas que, a lo largo del año pasado, en la provincia de Albacete se inscribieron en el Registro de Limitación de Acceso al Juego, pidiendo voluntariamente que se les prohibiese la entrada en los bingos y casinos. En toda España son 264, al menos esa es la cifra que figura en el último listado que maneja la autoridad competente en materia de juego, que es la Delegación de la Junta.
Una de estas personas es un ex ludópata al que llamaremos Paco para mantener su anonimato. No sabe muy bien cuándo comenzó su adicción al juego, pero sí que recuerda muy bien el día en que lo dejó, «desde el 1 de abril de 2001, desde entonces no juego», apunta este hombre, que vio como esta enfermedad, -«porque la ludopatía es una enfermedad», insiste-, le destrozaba la vida.
Jugadores Anónimos fue su tabla de salvación, una asociación, más bien grupo de autoayuda, que nació en Albacete hace más de una década y por la que han pasado «cientos de personas»; unos se han marchado, pero otros muchos se han quedado, «dejamos de jugar desde el primer día, pero seguimos asistiendo a las terapias para intentar recuperar la vida anterior al juego, la familia, las relaciones con el entorno y para tener una forma de vivir sin jugar».
De por vida
Explica Paco que en Jugadores Anónimos la única 'medicina' es la terapia de grupo, -hacen dos reuniones a la semana-, «es nuestra pastilla, allí el jugador se conciencia del daño que le ha hecho a él el juego y el daño que ha causado en su entorno».
Y es que la adicción al juego no sólo trae problemas económicos para el ludópata, «las pérdidas económicas son las menos importantes», asegura Paco, aunque reconoce que la gran mayoría de las personas que llegan pidiendo ayuda para salir de esta adicción es porque han caído en la bancarrota, «vienen obligados por las circunstancias económicas, porque ya han perdido mucho dinero y porque la familia les ha dado un toque de atención, si no es que les ha puesto ya la maleta en la puerta». Una vez que se da el paso de buscar ayuda y se deja de jugar, lo difícil es mantenerse, «el ex jugador que baja la guardia en cuanto juegue la primera moneda, ya está en el camino de volver a engancharse, le pasa lo que a cualquier otro adicto, sea fumador, alcohólico... no puede volver a jugar», asegura Paco y él lo sabe bien, porque lleva cuatro años y nueve meses sin apostar un sólo euro.
Hasta entonces este hombre jugaba «mucho más dinero del que disponía e, incluso, del que ganaba», una conducta que le ocasionó «muchos disgustos y trastornos» que desembocaron en la ruptura de su relación familiar pues, al final, su mujer y sus cuatro hijos «me pusieron las maletas en la puerta». Esta ruptura familiar fue la que obligó a Paco a dar el primer paso para dejar de jugar, algo que consiguió al conocer a Jugadores Anónimos «con ironía, puedo decir que me tocó la lotería, porque gracias a la asociación salí de un problema que era muy difícil de superar».
Tan difícil de superar que Paco había intentado suicidarse hasta en tres ocasiones, «porque no era capaz de seguir viviendo exclusivamente para el juego, que era lo que estaba haciendo, pues en cuatro o cinco días me gastaba el sueldo del mes y el resto del mes lo pasaba engañando a quien podía, familia, amigos... era consciente de que así no podía seguir viviendo, pero no sabía superarlo, por eso pensé quitarme del medio».
Hasta el suicidio
El riesgo de suicidio como escape ante una situación que no pueden soportar es uno de los problemas asociados a la ludopatía, pero no el único; ya que también estos enfermos pueden caer en la depresión al darse cuenta de la ruina a la que están llevando a su familia. Y es que un ludópata puede hacer cualquier cosa por conseguir dinero, desde quitárselo a su familia e, incluso, delinquir, «hay gente que está en la cárcel, entre rejas, por problemas de ludopatía».
Los jóvenes e Internet
La historia de Paco no es única. El juego patológico es un trastorno psicológico de la impulsividad que se estima afecta a entre un 1 y un 3% de los adultos. Pero personas como Paco, que acuden todas las semanas a las terapias de Jugadores Anónimos, advierten de que cada vez llegan chicos más jóvenes, igual que cada vez son más frecuentes los casos de jugadores que se enganchan en apuestas a través de Internet.
«Estos casos son más difíciles de resolver, porque si ya el jugador compulsivo suele ser un personaje solitario que intenta esconderse, con Internet lo tiene más fácil porque juega desde casa y, además, no necesita tener el dinero físicamente en la mano para jugar», explica Paco.
Desde Jugadores Anónimos insisten en que no están en contra del juego, pero sí que creen que hay cierta permisividad, «ahora hay una campaña contra el tabaco muy importante, sin embargo, los juegos se promocionan en los medios de comunicación, las tragaperras están muy accesibles en todas las cafeterías...» se lamenta Paco que, reflexiona, «es cierto que la ludopatía no produce cáncer, pero ha roto muchas familias y seguirá rompiéndolas».
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