|
Luz tras el infierno del juego |
|
|
|
escrito por lne.es/
|
«Tengo 25 años y soy jugador compulsivo. Empecé con 16 años, con los
amigos, para conseguir dinero y emborracharnos. Cogía dinero a mi madre
y a mi tío, pero lo peor llegó cuando empecé a trabajar. En una tarde
podía gastar hasta 700 euros. Llevo ocho meses en Jugadores Anónimos,
pero he caído muchas veces. Aunque lo intento, es incontrolable.
Ahora llevo 16 días sin jugar, pero tengo que encerrarme en casa. Asumo
mis errores: he sido un mentiroso y un irresponsable. He perdido a los
amigos de siempre, soy el hazmerreír, pero tengo el apoyo de mi madre y
mi novia para salir de esto». Este estremecedor relato fue uno de los
que pudo escucharse en la reunión pública de Jugadores Anónimos
celebrada en la tarde de ayer en el palacio de Josefina Balsera de la
calle Cuba. Varias decenas de personas, jugadores y familiares,
acudieron para darse ánimos y escenificar uno de los lemas de la
asociación, la unidad en la lucha diaria contra la apetencia por el
juego.
«Esto es una enfermedad que nunca se cura, de la que hay que cuidarse
cada día, tratando de sufrir cada vez menos y de encontrar un sentido a
la vida», dijo otro jugador. «El perdón por todo el daño que hemos
hecho no se pide. Se demuestra que estamos arrepentidos día a día»,
señaló otro. «No afrontaba los problemas. Creé una burbuja y aparté de
mí a quienes me querían. Yo era parte de la máquina tragaperras»,
añadió el mismo jugador. Y al final de ese descenso se iban dibujando
«la locura, la cárcel o la muerte». Este jugador, que ingresó en la
asociación en 2004, trata ahora de volver a vivir. «A lo hecho, pecho,
no puedo estar compadeciéndome sin parar».
|