En otros momentos, Pedro Justo García ha aconsejado a los jugadores que se
'denuncien' para evitar entrar en los casinos. 'Pero hay gente que juega a
diario y no es ludópata', advierte. 'Lo hacen con un presupuesto y de una manera
controlada', añade. Los representantes de la Asociación Riojana de Jugadores de
Azar (ARJA) creen que 'el casino es un riesgo para los ludópatas y un negocio
para la Comunidad Autónoma'.
Así, las arcas públicas riojanas recaudarán seis millones de euros anuales en
impuestos, según estima Electra Rioja Gran Casino, sociedad gestora de la
instalación.
El casino logroñés cuenta con 75 máquinas tipo C y por cada
una de ellas pagará 5.608, lo que suma 420.600 euros al año. Los ingresos del
bingo, en cambio, son variables. En este caso, el casino pagará un tipo del 20
por ciento sobre la base imponible, es decir, sobre la recaudación neta
(descontados los premios).
También para los juegos de mesa (cartas y
ruletas) se aplica un tipo impositivo sobre la base imponible, que oscila entre
el 24 y el 60 por ciento en función de la recaudación. De esta manera, cuanto
más dinero consiga el casino, mayor será el ingreso que registren las cuentas de
la Comunidad.
Porque los casinos son, de todos los modos, un gran
negocio. De acuerdo a la Memoria Anual de Juego del 2003 (la última publicada
hasta la fecha), los 32 casinos que había en España fueron visitados por tres
millones de españoles, con una apuesta media (en juegos de casino) de 88.59
euros por persona. En total, los casinos españoles ingresaron 262,8 millones de
euros en el 2003, descontados los premios y excluidos los bingos y las
máquinas.
Un total de 70 riojanos han acudido a los diferentes entes
administrativos para darse de alta y prohibir así su propia entrada a salas de
juego de toda España, según datos proporcionados por la Dirección General de
Tributos del Gobierno de La Rioja.
En todo el país, de acuerdo a la
Memoria del Ministerio de Hacienda del año pasado, 32.574 personas no pueden
acceder a los casinos, y otras 23.182 a los bingos. Además, según explica el
gerente del casino de Logroño, Pedro Justo García, entre 300 y 400 personas se
encuentran en la lista de personas 'non gratas' del recinto capitalino por ser
habituales causantes de incidentes o por problemas con el alcohol. E incluso
existe una tercera 'lista negra', en la que se incluyen los individuos
calificados como 'tramposos'.
Habitualmente, las personas que deciden
'denunciarse', es decir, pedir al Gobierno de La Rioja, a la Policía Nacional o
a la administración del Estado su no admisión en este tipo de locales, sufren
ludopatía y prefieren prevenir el riesgo de no controlar su enfermedad en un
momento dado. Como explican en la Asociación Riojana de Jugadores de Azar
(ARJA), el procedimiento es sencillo: el interesado rellena una serie de
formularios y añade una fotocopia del DNI.
Tras presentarlo en la oficina
correspondiente, su nombre pasará a formar parte del listado que poseen las
salas de juego y que restringe el derecho de admisión. En este sentido, los
afectados demandan más información porque esta potestad no la tienen solamente
los jugadores, sino también sus familias, como afirma Pedro Justo García. 'Los
casinos no podemos excluir a nadie por gusto, aunque sepamos que sufre la
enfermedad. Deben ser los propios familiares los que den el paso', resalta el
gerente riojano. Posteriormente, las salas de juego reciben la notificación con
el nombre de las personas que no quieren ser admitidas.
Sin embargo, la
posibilidad de prohibir la propia entrada en los recintos de juego cuenta con
algunas particularidades. En algunas ocasiones, una persona se da de alta para
no entrar en bingos o en salas de juego, pero sí en los casinos. O también,
tiene el derecho de 'denunciarse' y no acceder a las salas de su propia región,
pero no en otras comunidades. Así, por ejemplo, puede acudir al bingo en su
lugar de vacaciones. 'Los ludópatas no interesan al casino, como los alcohólicos
no interesan a los bares'. Así de explícito se muestra Pedro Justo García,
gerente del establecimiento logroñés. «Porque el ludópata', continúa, 'no se
limita a jugarse su dinero, sino a pedir a los demás y a molestar a los
clientes'.
García, con una amplia experiencia en la gerencia de negocios
de azar, explica que en ocasiones, son los propios responsables de los casinos
los que invitan a los jugadores compulsivos a acudir a un especialista. 'En
Murcia', recuerda, 'el padre de un jugador de 36 años acudió a mí para que
ayudase a su hijo. Y fuimos a la consejería'. |