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escrito por Administrator
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Muy pocos jugadores son capaces de mantener una «cara de poker» en la mesa, es
decir, jugar la partida sin expresar la más mínima emoción. En los juegos
sociales no es muy correcto permanecer todo el tiempo mudo. Parte de la
diversión radica en el juego escénico, e incluso en los juegos en que se apuesta
fuerte, encontrará a jugadores que se «toman el pelo» mutuamente. Es
absolutamente lícito que un jugador haga o diga algo para ocultar sus verdaderas
intenciones en el juego y despistar a los demás jugadores, siempre que observe
escrupulosamente las reglas del juego.
Aquellos jugadores que consideren el juego como un test a su hombría,
reaccionarán desaforadamente cuando usted les «pinche». «Esto separará a los
hombres de los niños», puede usted pronunciar al hacer una fuerte apuesta; o
cuando el perdedor de turno gana finalmente una partida pobre, después de una
mala noche, puede decirle: «No le ha llevado mucho tiempo desquitarse». Los
buenos jugadores nunca tendrán problemas para conciliar el sueño, por lo que a
la postre siempre resulta mejor mantener una «cara de poker». Los perdedores
siempre se lamentan de su mala suerte, pero nunca enmiendan sus errores. Si
usted es de los que piensan que no es muy correcto ganar el dinero de sus
amigos, considere que hay algo incluso peor: ¡que sus amigos le ganen a usted su
dinero!
La «primera» trampa
«Las trampas atraen tanto al jugador
de poker como la miel al oso». Es significativo el que en una de las primeras
partidas de poker de que se tiene noticia, que se jugó en diciembre de 1829, a
bordo de un barco de vapor que navegaba por el Mississipi, tomara parte un
tahúr. Este señor, que según se cuenta llevaba gafas grises (quizás para
distinguir las cartas marcadas), creyó repartirse a sí mismo la invencible
jugada de cuatro reyes y un as; pero a causa de la excitación, la repartió al
jovencito que había escogido como víctima de su engaño, quien para su gran
sorpresa ganó todo el dinero apostado. Las trampas, ¡ay! no son tampoco ajenas
al error.
La jugada del hombre muerto
La jugada más famosa de la
historia del poker se conoce como «la jugada del hombre muerto». Se sitúa en una
noche de 1876, cuando el legendario Wild Bill Hickok estaba jugando al poker en
un saloon de Deadwood Gulch. Un malvado llamado Crooked Nose McCall se escurrió
a sus espaldas y le descargó un tiro en la nuca. Wild Bill cayó al suelo
silenciosamente; sus dedos atenazaban las cartas: doble pareja de ases y ochos. |