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Fortuna de hispanos se va con los casinos |
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escrito por diariosrumbo.com/
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Hace un mes Enma Velázquez empezó a trabajar en el Gran Casino. Ganaba $7 la
hora en la lavandería del complejo turístico. Cuando llegó el huracán
Katrina hace 17 días, Velázquez, de 25 años y con siete meses de embarazo, huyó
a Jackson. Apenas volvió a Biloxi esta semana. Encontró poco. Katrina no sólo
destruyó el apartamento donde vivía sino también el casino donde trabajaba.
Velázquez es una de las 14,000 personas en esta región que perdieron su empleo
con la destrucción del huracán y el cierre de los casinos. Esta industria, en
parte, ha impulsado la inmigración latinoamericana hacia las ciudades de Biloxi
y Gulfport, desde venezolanos y mexicanos hasta argentinos y guatemaltecos,
muchos de los cuales trabajan en los casinos sin papeles.
El estado de
Mississippi está perdiendo unos $500,000 diarios en ingresos debido a que el
huracán se tragó a los casinos. Enma y otros trabajadores ya perdieron su pan de
cada día.
Por su parte, los dueños de El Gran Casino no le han dicho a
Soela Mariango si podrá regresar a trabajar después que arreglen el lugar, un
asunto que se ha vuelto tema de controversia en el debate político que ocupa la
agenda del estado estos días.
Mariango, madre soltera de una bebé de ocho
meses, trabajaba en dos casinos. Antes ni podía ahorrar; ahora recibe
suministros que reparten los militares. No ha solicitado ayuda de la Dirección
Federal de Control de Emergencias (FEMA) ni ha buscado hospedaje en un
albergue.
"No sabemos nada de eso de albergues. Primero vamos a pedir a
Dios a ver si nos ayuda", comentó.
Mientras muchos hombres trabajan en la
limpieza y reconstrucción de la zona devastada, Mariango espera. "Nosotras, qué
suerte tenemos", comentó.
Pero no todo es penuria y desesperanza. Varias
camaroneras de la zona volvieron al trabajo tan pronto pasó el huracán
Katrina.
Carmen Hernández y sus dos hijas, provenientes de Linares,
México, sólo tardaron una semana en regresar a empacar en una camaronera de
Biloxi. El empleador que las contrató para la temporada les paga $7 la hora y se
ocupa de pagar su pasaje, documentos y alojamiento.
"No nos abandonó el
patrón", explicó Hernández. "Perdimos la casa pero luego nos buscó otra".
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