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escrito por Varonet
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A la izquierda se representa un cartón con 15 números señalados; al
margen aparece el número 15. El jugador debe marcar 15 números con
cruces y fijar su apuesta en el recuadro superior. El premio para una
apuesta de un dólar puede ir (en muchos casinos) desde 8 dólares por
acertar 7 números a un máximo de 25.000 dólares por acertar 14 ó 15. A
la derecha se muestra un cartón con combinación («way»), donde se han
marcado 10 números agrupados en parejas. Al lado se escribe
10/4-números apostados, 10/6-números apostados, 5/8-números apostados y
1/10-números apostados (el 10 se escribe convencionalmente como una x),
todo a 50 centavos por way (50/W).
Cada juego dura unos 5 minutos. En Nevada, los salones de keno nunca
cierran, funcionan día y noche y, lo que es más, la gente puede jugar
dondequiera que se encuentre, en todos los rincones del casino. Las
«chicas» de la sala de keno, vestidas con sexis minifaldas, dan vueltas
por el restaurante y por los bares, incluso se paran en las mesas de
poker para recoger las apuestas y los cartones de cada juego. Los
resultados que van saliendo se transmiten a cualquier punto del casino
mediante paneles luminosos. La gran ventaja de jugar en la sala
específica de keno radica en que es en realidad el único lugar
tranquilo donde la gente puede sentarse confortablemente y relajarse,
con la posibilidad de beber por cuenta de la casa. A pesar de que las
probabilidades de obtener una gran suma de dinero sean remotas, el
porcentaje de pérdidas es relativamente bajo.
Es necesario advertir que hay un inconveniente muchas veces ignorado
para quienes tengan la milagrosa suerte de ganar el gordo. Los cartones
del keno tienen la siguiente indicación: «La casa paga un límite de
25.000 dólares por cada juego». Esto quiere decir que la casa no pagará
más que esta cantidad para todos los ganadores de un mismo juego. Por
eso si dos personas tienen la suerte de ganar, pero lo hacen al mismo
tiempo, verán reducido su premio a la mitad. ¿Injusto? A estas alturas
usted ya debe haberse dado cuenta que los casinos no dejan nada al azar
cuando se trata de reducir pérdidas. Por otra parte, los ciudadanos
americanos están obligados a declarar las grandes ganancias al
«Internal Revenue Service», si bien los cartones que pierden pueden
deducirlos de sus impuestos. ¡Cuánta gente se sentiría satisfecha, sin
embargo, de afrontar un problema semejante!
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