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Desde largo tiempo atrás se han intentado las más diversas trampas en la ruleta,
tanto por parte de jugadores como de empleados. La pretensión más frecuente ha
sido la de conseguir frenar la rueda a voluntad. Mecanismos tales como agujas
retráctiles que impidieran a la bola detenerse en determinadas concavidades,
electroimanes en el cuenco de la rueda que controlaran la bola o, más
rudimentariamente, medios mecánicos que inclinaran la rueda; fueron siempre un
riesgo en los casinos de poca monta. Jugar en ciertos lugares de los Estados
Unidos a mediados de los años 30 comportaba mala reputación.
Hoy día apenas existen casinos deshonestos, ya que los promotores obtienen
mayores beneficios de forma legítima. Pocos casinos que engañen a sus clientes
llegan a mantenerse en el negocio, porque inevitablemente acaban siendo
descubiertos. Juego limpio En la actualidad las ruedas de ruleta se
construyen con un alto grado de exactitud y fiabilidad mecánica, pero, por
supuesto, no todas son perfectas. Alguien que brillante y limpiamente obtuvo
pingües beneficios gracias a las irregularidades de las ruedas de Montecarlo,
fue el ingeniero británico William Jaggers a finales del siglo pasado. Durante
un mes seis colaboradores suyos registraron los resultados de todas las tiradas
en las mesas, tras lo cual los analizó y averiguó qué números -debido a mínimas
irregularidades mecánicas- salían con más frecuencia excediendo a sus verdaderas
probabilidades. Con esta información, Jaggers jugó y en cuatro días ganó un
millón y medio de francos -una inmensa fortuna en aquella época-, antes de que
la dirección del casino comprendiese lo que ocurría y corrigiera la inclinación
de las ruedas. Confabulación y otros trucos Aunque los trucos mecánicos
muy posiblemente pertenezcan ya al pasado, los casinos tienen que estar en
guardia permanente para evitar confabulaciones entre croupiers y jugadores.
Pagar en proporciones inferiores a las reglamentadas y números perdedores
«equivocadamente» o manejar las fichas de forma irregular, son los métodos más
usuales de sustraer parte de los beneficios de la casa. Sin embargo, como se ha
demostrado en diversos casos, a menudo tratados por la prensa, siempre existe un
modo de descubrir las artimañas. En cualquier caso, tales eventualidades afectan
al casino y no a los jugadores.
Quizá donde se dan con mayor frecuencia
sea en el pago, sobre todo en casos en que el croupier otorga las ganancias a
alguien que no le corresponden (si bien tal error puede darse ocasionalmente
cuando una mesa está muy concurrida). También existe, como es natural, la
posibilidad de que un croupier (tal vez intentando robar) dé el cambio
defectuoso, en cuyo caso lo más probable es que se trate de un error, ya que los
casinos suelen vestir a sus empleados con prendas sin bolsillos para
salvaguardarles de la tentación de apropiarse de lo ajeno. De cualquier modo
cuando se utilicen para el pago fichas de casino será recomendable que vigilemos
atentamente nuestras apuestas. Si observa un error en su pago, indíquelo
cortésmente y el supervisor de la mesa lo rectificará. |